¿Dónde está la Caridad?

Pasados diez años de los devastadores estragos provocados por los terremotos andaluces, cuando muchos pueblos habían sido rehabilitados y se habían publicado tres ediciones de Caritad, Verdaguer, a sus cincuenta años, volvió a plantearse cuestiones humanas esenciales y, por primera vez, en un artículo de prensa, se preguntó lo que nunca antes se había cuestionado: ¿Dónde está la justicia social?

LA CARIDAD

En defensa propia

Mi sueño, o si se quiere, mi poesía a la caridad, me costó la nota de poeta soñador, de idealista y de visionario. Poco tiempo después, con mi salida, perdía mi cargo de limosnero y, lo que es peor, los pobres perdían la limosna, que se fue recortando, recortando, hasta quedar casi interrumpida, sea porque los marqueses vivían en Madrid, sea porque se hacía el bien de otra manera. La supresión de la caridad me dio más pena que todos los males que ya me habían sobrevenido y que todos los males que todavía me tenían que llegar. Se socorrían con ella más de trescientas familias de las más pobres y necesitadas de Barcelona.

Se podía dar la mano a alguno de los muchos que caen; se podía buscar remedio a alguna nfermedad de las muchas que vienen; favorecer al que ha tenido alguna desgracia, buscar acogida al que no la tiene, un guía para el ciego, un pie para el cojo y una madre para el huerfanito que la ha perdido. Se podía ofrecer un mendrugo de pan al pobre de poca fe que, en un acto de desesperación, va a suicidarse; se podría socorrer al que, vencido en la batalla de la vida, pierde el juicio y busca el triste consuelo de hacer desgraciados  los demás; y detener al que, viéndose rechazado por una sociedad sin corazón, sin fe ni piedad, se hace anarquista para vengarse de ella.

Traducción de Lourdes Sánchez


Compartir en twitter Compartir en facebook
Generalitat de Catalunya - Departament de Cultura
Ministerio de Cultura
Espais escrits
Unnim