Prólogo

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Al Excelentísimo [Ilustrísimo y Reverendísimo] Señor Obispo de Barcelona  Ilmo. y Rvdmo. Sr.:

Entrando en el palacio de V. S. I., hace algunos días, cuando más frecuentes eran los desconsolados telegramas sobre los efectos de los terremotos de Andalucía, vi que multitud de personas hacían depositario a su Ilustrísima de sus dones y limosnas. Uno dejaba dinero; otro, ropa; un tercero, un par de sillas; el de más allá, un mueble de cocina; este, una mesa que quizás necesitase para comer; aquel, una almohada o un colchón que tal vez echase de menos aquella noche… Un comerciante regaló setecientas barretinas, que, en esas jornadas de frío riguroso, abrigarán las cabezas andaluzas un poco más que el airoso calañés. Un sacerdote, que no quiso identificarse, dejó su manteo, y una viuda obligó a su hijo de pocos años a quitarse el gabán y a dejarlo allí, explicándole que sería para algún pobre chico de Andalucía, que andaba desnudo y no tenía madre…

Avergonzado y con lágrimas en los ojos, me fui a casa a buscar mi humilde óbolo. «¿Qué puedo dar?», me dije a mí mismo. Y de la misma manera que, si hubiese sido panadero habría llevado un par de panes, siendo poeta, me creí obligado a dar algún acopio de poesía: quod autem habeo, hoc tibi do. Vacié mis menguadas carteras, aproveché algún retal, di forma a alguna idea y he aquí la historia de este pequeño libro que, para nuestros hermanos de Andalucía, pongo, besándolas con reverencia, en las manos de V. I., pura y sencillamente como una limosna del corazón.

JACINTO VERDAGUER, PBRO.

Barcelona, enero 1885

 

Traducción Lluïsa Cotoner
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